Una historia memorable desde la China 2003
Los nombres y lugares son pseudónimos o han sido omitidos
por razones de seguridad.


"Yo no sabia que era imposible… por eso lo hice!"

Equilibrista sobre una cuerda caminando entre las torres gemelas, Nueva York

Chen – sus ojos ocasionalmente sonreían – pero en general su mirada era triste. Yo creo que ellos reflejaban la experiencia de vida en la China. Cualquiera fuera su estado de ánimo, sus ojos daban la impresión, a aquellos que no los conocían, de estar permanentemente caídos como si viviesen cansados.

Cuando conocí a Chen, no eran diferentes, o tal vez era su postura corporal la que provocaba esa impresión. Alto para ser chino, aunque ligeramente curvado, sus brazos colgaban libremente en cada costado y su torso se inclinaba para un lado. Fue bajo el sol brillante y el aire claro, que percibí que su delgada osamenta arrojaba una sombra sobre mí, mientras me encontraba recostado sobre un saliente rocoso en un camino de alta montaña considerando la posición de nuestro vehículo.

Una de las ruedas traseras se había detenido apenas fracciones antes de ir a para en una caída vertiginosa, mientras que la otra dejando entrever la luz del día entre ella y el suelo, giraba inútilmente en el aire. Las piedras que torpemente habíamos removido del borde del precipicio, parecían tardar una eternidad antes de chocarse contra el fondo del valle que yacía abajo, lo que contribuía aún más a nuestro estado nauseabundo provocado por nuestro estado crítico.

No era difícil reconocer que nuestra voluminosa camioneta era probablemente uno de los vehículos menos apropiados para sortear el estrecho camino entre las rocas o el embarrado sendero cavado en la ladera vertiginosa de la montaña – pero lo estábamos logrando! Chen– el despreocupado – condujo la camioneta a través de rutas y arroyos aparentemente sin estar conciente que las ruedas posteriores apenas tenían "un pelo de donde agarrarse" antes de perder el equilibrio. Él parecía no estar al tanto de los nudillos apretados hasta volverse blancos de sus pasajeros que ansiosamente se aferraban a cualquier cosa que diera la idea de firmeza, a la vez que tenían sus ojos pegados a la ruta que se dibujaba delante de ellos.

A medida que nos mecíamos por enésima vez entre las curvas cerradas, de pronto se asomó una roca estratificada en la misma dirección que la ruta más directa al pie del valle, bloqueando así el sendero. La lógica me decía que Chen no se atrevería a conducir la camioneta por las rocas escarpadas, sin embargo, la serenidad de ese pensamiento parecía no tener eco en el pensamiento de Chen, quien en fracciones de segundos, nos tenia a medio camino con la ruedas desesperadamente buscando tierra firme mientras nos deslizábamos impetuosamente contra una inmensa caída.

De repente, el vehículo se detuvo abruptamente dejándonos con el motor inmóvil, y en un ángulo en dirección a la rocas. Nosotros, los pasajeros, tan pálidos como nuestros nudillos que se asomaban en el borde de la puerta, nos deslizamos abruptamente hacia fuera, y estudiamos cuidadosamente cuál seria nuestro siguiente movimiento mientras observábamos cuál era la situación debajo de la camioneta. Seguir hacia adelante, supuse, haciendo uso de los preciosos centímetros que aun quedaban entre la rueda y el precipicio, y luego retroceder en dirección a una piedra firmemente colocada por nosotros.

Esto elevaría levemente una rueda, creando a su vez el efecto opuesto en la otra que así volvería a tomar contacto con el sendero. Podríamos entonces, colocar una segunda piedra si hubiese algún espacio vacante, lo que funcionaria de rampa y nos permitía avanzar. Entonces, si Chen se moviese cuidadosamente hacia el frente, con el empujón colectivo de todos nosotros, podríamos recuperar el vehículo que habría de llevarnos a casa! Asumiendo, claro esta, que en el algún lugar tendríamos espacio suficiente como para girar la camioneta en dirección opuesta…

Chen parecía no inmutarse ante el dilema. En su filosofía, la vida consistía en desastre y un final casi desastroso era normal – estaba a un millón de kilómetros y alejado de las expectativas de comodidad propias un estilo de vida confortable occidental. Con el vehículo virado y estacionado en el pico de un saliente rocoso, a punto de resbalarse, Chen nos anunció que debíamos caminar. " Aproximadamente una hora hasta llegar al pueblo", nos dijo.

Pasó una hora, y sin embargo nos parecía como si no hubiésemos hecho ningún progreso aun, y el pueblo tampoco se asomaba frente al camino. Esto habría de ocurrir por lo menos dos veces más antes de recibir una señal viable de que trazos de civilización estaban a la puerta cuando aparecieron en el horizonte los primeros animales y algunos campesinos.

Estábamos en camino a la amada casa de Chen, una tribu minoritaria que había olvidado registrarse por lo que no conformaba parte de las estadísticas de la población en el censo de la China. Pobres, tanto que es imposible de describir, pero gente con un corazón de oro y muy hospitalarios. Sin correo, sin teléfono, y prácticamente aislados sin salida o entrada vivían Chen y su gente, allí él pasaba la mayor parte del año.

Vimos su escuela, sus proyectos de alimentación, de ropa y de agua y escuchamos sus relatos acerca del trabajo de traducción de la Biblia que él mismo estaba financiando. La gente sentía profundo respeto por Chen, él era sin duda un hombre singular, una persona especial. En las inolvidables semanas de viaje por la China comencé a comprender a Chen y mi aprecio hacia él empezó a aumentar cada día. El abuelo de Chen, que tenía una especialidad en Chino clásico, había ocupado un lugar prominente, mientras que su padre había servido en el gobierno lo que lo en su momento lo convirtió en un blanco fácil del Ejército Rojo.

Un día se llevaron a sus padres y los mataron, retomaron su casa y confiscaron todos sus bienes. Los parientes cercanos entonces se rehusaron a hacerse cargo del pequeño de nueve años que quedo huérfano por temor a las posibles represalias que podrían haberles costado la vida. Un cristiano de origen chino-asiático, que vivía en un lugar distante, se sintió movido a proveerle amistad al niño. Este hombre se dedicaba a recorrer los pueblos reparando ollas y cacerolas, o baldes por un precio muy módico.

Sin tener donde ir, Chen se unió a él en sus viajes, aprendió de sus habilidades y paulatinamente fue abrazando su fe. Por tres años Chen vivió sólo en una cueva, partiendo cada mañana temprano rumbo a los pueblos, a fin de trabajar como jornalero. A veces le tocaba esperar al pie de la montana, desde donde comenzaba a empujar cuesta arriba un pesado carro a cambio de un mínimo estipendio o de comida.

Una buena mujer, que también había sido expulsada de su pueblo, convirtió la cueva próxima a la de Chen en su morada. En cierta ocasión, ella notó que Chen no había salido por varios días, por lo que cuando salió a su encuentro, lo encontró al borde de la muerte. Su cuidado atento y el poco alimento o las hierbas que le proveyó lo mantuvieron vivo. Poco después, Chen fue empleado de manera estable en una mina de carbón. El trabajo era extenuante, aplastante, como si se tratase de minar a la manera que se minaba en Gales (Inglaterra) hace doscientos años. Un trabajo extremadamente arduo, interminables horas bajo la amenaza constante de gas, inundación o derrumbes.

El residuo penetrante, el peligroso polvillo del carbón, un jefe tiránico unido a un miserable sueldo fue lo que le tocó en suerte a Chen. Dos veces Chen fue puesto en prisión a causa de su fe. Allí sufrió los abusos tanto del personal carcelario como de los otros reclusos. Más de cincuenta prisioneros se amontonaban en una pequeña celda originariamente diseñada para que sólo dos pudieran recostarse al mismo tiempo. Chen nunca me contó cómo es que pudo huir eventualmente de la China para convertirse en un refugiado en otro país. Tal vez había otras personas envueltas que preferirían quedar en el anonimato.

Una vez allí, comenzó a asistir a un colegio en donde aprendió inglés y encontró un buen empleo. Fue entonces cuando siguiendo los dictados de su corazón por encima de su cabeza, un día regreso a la China como misionero solitario. Por un tiempo, caminé por las ciudades y parajes campestres junto a uno de los hombres más extraordinarios que alguna vez haya conocido. Su soledad le era dolorosa, sin embargo Chen no es una persona que trabaje cómodamente en grupo. Sus infructuosos intentos de encajar en la situación lo hicieron parecer impredecible aun cuando este no sea un rasgo propio de su carácter.

Su conocimiento detallado de la China, de sus ciudades y calles parece inexhaustible y sin embargo aun parece pobre cuando es comparado a su vasto entendimiento de la historia de las misiones y los misioneros que pasaron por la China. (Conoce hasta las tumbas de los tíos y tías de ellos o quiénes son los parientes que les sobrevivieron.) Chen no posee nada, su mochila era suficiente para contener las poca ropa que tenia, sin embargo su generosidad pronto se convirtió en dolorosa al desenmascarar la venas del egoísmo inherente en cada uno de nosotros.

Su rostro reflejaba un aire de inocencia infantil, pero cada uno de nosotros sabíamos que era sólo el destello de luz de la superficie de un pozo profundo que nadie había jamás comprendido. En cierta ocasión hice mención de ciertas figuras públicas rimbombantes, que siguiendo la jeringuilla de lo que políticamente es apropiado decir, se las conocen en la China como VIP (personas muy importantes o Very Important Person). Aun cuando su expresión pareció inmutable, sus ojos lo traicionaron poniendo al descubierto un secreto oscuro que acababa de escaparse a pesar del intento deliberado de la memoria de ponerlo al olvido. Tras una pausa susurró, ¿personas VIP? ¿Conoces el significado de esas siglas? Y haciendo un juego de palabras en inglés prosiguió, ¿Sabes que significan "Patatas Muy Importantes? (Very Important Potatoes).

Si, eso, creo que significan Patatas Muy Importantes.

En esas cortas semanas, a medida que empecé a conocer más a este extraordinario hombre, mi conocimiento de Jesús también creció; empecé a verlo desde una nueva perspectiva. Fui ahí cuando cruzó por mi mente la idea de que cuando la presencia del Señor esta muy próxima, tal vez él se oculta bajo la forma de un misionero chino llamado Chen. El día que la tierra lloró. Uno de los objetivos de mi viaje era el de acompañar a un colega, que radicado en la China, se había dedicado muchos a años proseguir su visión de redescubrir (entre los países que fueran atravesados alguna vez por la Ruta de la Seda) una ruta con sentido al occidente. Ahora, con una visión más clara de la historia, del lenguaje y del flujo general de la cultura, él sentía que era ya tiempo de escribir la historia de los primeros intentos de los chinos de llevar el evangelio partiendo de la China y retrocediendo hasta Jerusalén.

Este valiente intento fue aniquilado en la frontera una vez que los comunistas subieron al poder. En su estilo usual, Chen, decidió repentinamente viajar a Beijing y acordó reunirse con nosotros en una pequeña ciudad, (pequeña para los estándares locales), ciudad que había sido parte de la ruta de las Seda en una provincia del noreste. Mi equipo había acordado dividirse en la zona central de la China, desde donde cada uno habría de abrirse paso hasta llegar a esta ciudad fronteriza, tomando diferentes rutas a través de algunas zonas poco frecuentadas de la región del Tibet. Dada la falta de información confiable, de permisos, y la falta de transportes predecibles nos era imposible estimar el tiempo de nuestra llegada.

Ocurrió entonces que horrendos deslizamientos de tierra retrasaron la llegada de mi colega asiático, que venía viajando por tierra desde Lasha; mientras que otro equipo que exploraba una elevación montañosa que se erguía por encima de un pueblo tibetano, fue a dar con un "entierro al aire libre". Este fenómeno, casi desconocido para los extranjeros, es muy común en Tibet; se trata de una manera de disponer los restos de los muertos muy particular. Una vez que el cuerpo es desmembrado se lo expone al descubierto sobre las rocas, quedando así a disposición de las aves de rapiña que devoran la carne que escapa a la aguzada vista de los perros que muchas veces se dan cita antes que ellas.

Con su inimitable estilo, Chen apareció a tiempo y pronto encontró la forma de conducirnos a la pequeña casa de uno de las principales asociadas con la olvidada banda misionera china. Ella era una anciana de más de ochenta años, muy articulada en su manera de hablar y con gran claridad de pensamiento que había sido misionera en su propio país. A pesar de haber sido cruelmente arrancada de sus hijos adoptados y encarcelada por veinte años a causa de su fe, en sus ojos no había señales de resentimiento. Ella nos explicaba, de manera lógica, que de no haber estado en prisión hubiera sido entonces presa fácil del Ejército Rojo, pero ellos no mataban a aquellos que ya habían aprisionado.

Durante ese tiempo, en algún lugar en el recogimiento de mi ser, un inconfundible llamado me movió a querer rescatar cada minuto de las actividades diarias de manera de poder retraerme para escuchar con el oído del alma. Este recogimiento al santuario interior, no fue un retraimiento gozoso, sino penoso y de llanto desconsolado que parecía elevarse de las profundidades de un ser que raramente antes había visitado. La ciudad, un importante punto de desembarque en la Ruta de la Seda, había crecido de forma estirada y alargada, como queriendo abrazar ambas orillas del Río Amarillo.

Acordamos practicar oración caminante en los paseos, usando los puntos de cruce antiguos de manera que pudiésemos trazar una ruta circular. Cuando me encontré solo, me recosté contra un parapeto y observe el agua embarrada que se arremolinaba y abría paso camino a la vasta geografía de la China. Con mi interior quebrado por las lágrimas, pero al control de mis emociones externas, tomé conciencia de que acababa de arribar a un punto de desembarco crítico en mi travesía personal. 'Oh Dios, qué es lo que deseas que sepa?' fue la oración que naturalmente brotó de mi corazón. Cuando finalmente alcance el punto que me era necesario para poder recibir a Dios, entonces en un momento comprendí algo que nunca antes había entendido…

La mismísima tierra de esta provincia estaba llorando por los trabajadores cristianos quienes habrían de reclamarla un día como su herencia. Lloré intensamente. A menudo he notado la afinidad que existe entre el hombre y la tierra, tal vez sea porque hemos sido formados del polvo y al polvo volveremos. En el mejor de los casos, sólo somos "tierra prestada" en renta por 70 años.

Ciertamente un tema central en el Antiguo Testamento es de la tierra y su gente que son la herencia de fe. Yaciente entre las montanas del Tibet y las estepas de Mongolia, este corredor de tierra, constituía la antigua ruta que iba desde las provincias centrales de la China occidental, a través de Asia Central y el Medio Oriente hasta Europa. Miles de años de caravanas conducidas por camellos, surcaron entre el polvo una vía que facilitó el intercambio de seda y especias de la China con otros centros de civilización occidental. Por siglos, ejércitos invasores y de defensa han teñido de rojo su suelo.

En los primeros siglos por esta ruta, los cristianos Nestorianos alcanzaron la antigua capital de la China, la ciudad de Chang'an, de la misma manera que lo hicieran otras religiones mundiales. LXi'an hasta Arabia y aun más allá, son acunados en este valle. Entonces también yo, en algún momento cerca del fin de mi estadía, en una cita con el destino sentí que debía trabajar y orar con el propósito de abrir una base misionera en la base de este valle a fin de reunir y preparar chinos y otros extranjeros que deseen alcanzar a los tibetanos y mongoles; además de prepararse para los siguientes niveles en dirección al occidente a lo largo de la antigua Ruta de la Seda, en dirección al Medio Oriente, y a Israel y a... Debo regresar a esta provincia.

Tal vez así encuentre un momento en medio de la quietud que me permita compartir mi secreto y ascender en el valle al lugar donde el cielo privado del mismo se reúne con las inmensas montañas de la frontera, desde donde vocifera al rió Amarillo y le grita a la tierra... 'Persevera, que hay refuerzos de camino prontos a llegar.' Tengo colegas de un nuevo movimiento misionero asiático, quienes se preparan para venir. Pronto,la celebración habrá de reemplazar las lagrimas, tal y como lo prometiese Isaías. "Tu tierra será desposada cual joven que desposa una virgen."

Cuando lleguen, la visión de crear una base misionera habrá de materializarse de la misma manera que lo hace la sustancia de la fe cuando se convierte en una realidad visual.! Por favor, únase a nosotros en oración con el pedido de que cientos de trabajadores se adhieran a este proyecto. Esa es nuestra misión, promover que las Naciones contribuyan al desarrollo de nuevos movimientos misioneros entre otras naciones en vías de desarrollo, y apoyarlas para que tomen su lugar en el frente de batalla de la evangelización mundial.

Me gustaría saber de ti, aquí abajo de todo le doy el correo electrónico de mi ayudante.

R

kathy@nations.org.uk

¿Como puedo mandar e-mail en otros idiomas?
R. Pruebe World Lingo pero trate de no introducir frases largas, complicadas que no deben contener jerga cristiana.


El escritor el el fundador y el líder de una misión de Galés que se llama Naciones que lleva llegando a medio siglo en el servico del Señor.

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