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Viaje a Guatemala y el EEUU
 
Miguel Díez y Ma del Carmen Jiménez de Díez

 
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Salimos de Madrid  con Iberia para Guatemala; dejamos por unas horas de oír las noticias de la guerra en Irak  y gracias a Manuel, nuestro amigo y trabajador de Iberia, hacemos un viaje muy cómodo y agradable; sabemos estar en escasez y en abundancia y lo hemos demostrado con gozo y espíritu de sacrificio, pero no cabe duda que  el cuerpo cansado valora y agradece ciertas comodidades.

El congreso en Guatemala nos bendice al comprobar una vez mas la obra del Señor, maravillosa y extraña obra, los niños de la calle siendo cuidados, obteniendo diplomas académicos, algunos serán pronto maestros en los colegios que el Señor le ha dado a Remar para poder atenderles. 

Hace unos años cuando comenzamos a recoger niños de la calle, el problema mas grave era su enseñanza, los colegios nacionales eran el peor lugar para ellos, por volver  a ponerles en el ambiente callejero y solo conseguíamos perder otra vez el duro trabajo que hacíamos en los hogares, así que los llevamos a los colegios cristianos, colegios de clases sociales altas, caros a pesar de algunas rebajas que al principio nos daban, pero con el aumento de los niños, estos colegios de clases altas temieron por su fama, por su buen nombre y nos pidieron que sacáramos a nuestros niños.

Hoy debemos agradecer a Dios aquella situación porque nos forzó y llevó a buscar nuestros propios colegios y Dios puso a nuestro alcance el primero, que en este momento da escolarización a unos 400,  abriendo la puerta no solo a los niños de los hogares de Remar, sino a otros de muy bajos recursos; el segundo ya funciona con  los grados mas altos y con magisterio con titulación oficial.

Hoy, niños de otros estratos sociales comienzan a venir a estos colegios por el alto nivel escolar, el buen ejemplo de todos los escolares y su moralidad ejemplar. Cosas curiosas de la extraña obra de Dios, aquellos colegios seguros y asentados en su elite social,  que temieron caer en descrédito  por dar cabida a los mas débiles, hoy han cerrado sus puertas, han caído, se han secado como ramas de un árbol, poco a poco sin que nadie se diera cuenta  la vida ha desaparecido de ellos.

Ver el proceso de la historia bajo la mano de Dios que la escribe, produce un temor respetuoso y nos hace orar de esta manera: Señor guarda nuestro corazón que no se enrede en el amor a este mundo, que no olvide nunca de donde fuimos sacados, que cuando tu nos honres y prosperes no olvidemos que eres tu el que nos das la vida y que sin ti estaríamos muertos.

  El que da al pobre no tendrá pobreza, pero el que aparta sus ojos, tendrá muchas maldiciones.

  Nada más llegar nos reunimos con empresarios y amigos del ministerio en Guatemala para seguir dando a conocer el evangelio de los pobres a los que Dios hace ricos en Él y de los ricos en sí mismos a los que Dios  deja en pobreza. 

Miguel ha compartido en el primer día de congreso Apocalipsis 1,6: reyes y sacerdotes llamados a reinar con El,  si sufrimos con El reinaremos con El. 

Los guías arqueólogos en Israel, te llevan al lugar en el que Jesús estuvo preso esperando ser ajusticiado,  un lugar con baldosas de mármol, con marcas  sobre ellas que han permanecido hasta nuestros días,  estas marcas servían para hacer un juego, lo llamaban el del rey payaso. En ese juego los soldados iban echando suertes y la burla consistía en vestir al reo como a un rey , así lo fueron haciendo con  Jesús; al lado de la hoguera, estaban las ramas de un espino propio del lugar, espino  seco para el fuego, qué mejor corona para aquel pretendido rey. 

Lo enrollaron  y lo ajustaron a su cabeza, ya estaba coronado. Rey sufriente llevando sobre sí mismo todas las contradicciones de este mundo sin Dios, Rey sufriente que viviera en su carne, la injusticia y la maldad, que como cordero callara ante la hipocresía y la burla.  La primera corona de este Rey, y la nuestra si queremos reinar con Él,  la  de espinas, compartiendo el dolor de nuestros semejantes,  identificándonos con los necesitados, sufriendo con el que sufre.

No queremos la corona de espinas, nadie la quiere, es necesario rendir nuestra voluntad a la de Dios y pedirle su gracia porque nuestra naturaleza no desea el dolor, pero sin éste se pierde la perspectiva, se hace hueca el alma, se mata el amor. 

Como en todos los congreso la campaña en la concha acústica, frente a la antigua catedral,  allí los jóvenes que inhalan la cola se reúnen.  Después de predicar y hacer el mini concierto con teatro se llenan los autobuses con chicos que quieren acogerse en los centros y hogares. Muchos ya han estado antes en Remar y se conmueven al oír de nuevo el mensaje del amor y de la libertad de Dios.

Otros provienen de las maras en las que viven experiencias terribles, convirtiéndose en ejércitos devastadores que roban, matan, violan, y practican toda clase de ritos satanistas, la población normal, que ha sufrido durante años el azote de estos grupos de niños de la calle, cuando ve a alguno solo, reconociéndole  pon su cuerpo tatuado,  les rodean y les matan.

Salimos ya de noche de la campaña y vamos por las calles del casco antiguo de la ciudad, vamos  dentro de nuestros coches y aunque hemos recogido a muchos en necesidad, se siente uno impotente ante la inmensidad de lo que falta, queda fotografiada en mi mente una madre joven sentada en el suelo con dos niños muy pequeños dormidos a su lado, tiene una mano extendida pidiendo limosna, los niños están  tapados  con un ligero chal  sobre  el piso y la noche se presenta fría, el trafico y nuestras propias actividades nos empujan y pasamos de largo.

Un poco mas allá un joven también dispuesto a dormir en el suelo, sus ojos son claros, no puedo evitar recordar a mi hijo, y me niego a  imaginarle en aquel lugar, pero siento el dolor ante esa posibilidad. Protejo mi corazón con cristales blindados de hielo para lo que puede parecer un sufrimiento inútil, y si dejo que el amor los caliente y disipe, me expongo al dolor, así que paso de largo, tengo una excusa y es buena, por mucho que hagamos no podemos evitar tanto mal, tanto sufrimiento y tanta injusticia, pero esta excusa no borra de mi mente la imagen de la mujer, de sus pequeños, de ese joven de mirada clara.

Ante mi incapacidad y mi inutilidad solo me queda levantar mis ojos a lo alto y pedir perdón a Dios por la maldad humana, pedirle su ayuda y decirle que quiero ser parte de los que están dispuestos a recibir la corona de espinas, de los que aceptan sufrir con el que sufre para luchar con todas las fuerzas posibles, humanas, materiales y espirituales, para paliar un poco tanto dolor, para ser de los que llevan las buenas noticias, de los que pregonen libertad a los cautivos, libertad a los presos de la cárcel,  de los que den comida al hambriento y vestido al desnudo, en pocas palabras, de los que llevan consigo a Jesús y su reino de amor y de justicia.

El final de este viaje a Guatemala ha sido impresionante. Visitamos el centro correccional de menores Pinula, en el que jóvenes de Remar, algunos españoles, portugueses y centroamericanos, cuidan a 120 adolescentes entregados por la policía y los jueces por su alto grado de delincuencia, en robos, secuestros, violaciones, asesinatos.  Tuve la oportunidad de entrevistar durante el congreso algún chico sacado de las maras y tuve conocimiento de lo que significa esa vida; una de las condiciones para formar parte de estos grupos callejeros es el asesinato.

La violencia, el robo, las violaciones y las practicas de ritos satanistas son el pan de cada día. Por eso mi asombro al entrar en el salón de reuniones del centro y ver a los chicos cantando alabanzas y mas tarde escuchar con todo respeto y quietud el mensaje que Miguel les trajo. Al final al llamado de entrega al Señor para servirle, para cambiar de vida,  prácticamente todo el grupo se unió a la oración y en el compromiso de un encuentro y de un pacto con Dios.

Tuvimos el privilegio de ver algunos que después de cumplir sus condenas, no han querido salir a las calles,  han tomado el lugar como su hogar en el que madurar  su nueva vida y ayudar a otros durante el proceso. Una experiencia maravillosa, porque los que vivimos en el reino de los cielos participamos de otra dimensión en la que el milagro de la restauración de ruinas humanas  es  lo cotidiano, lo natural.

 Acabamos nuestro tiempo en Guatemala compartiendo en la iglesia de Sergio Enriquez que tan hospitalariamente nos ha acogido siempre y que colabora en lo que puede con las muchas necesidades que Jose Gomez, nuestro pastor allí, tiene que enfrentar cada día, para sacar adelante a  600 niños.

Nuestra segunda etapa de este viaje en Miami con Ángel y Elena nos han reportado días de comunión con los obreros de EEUU, y de estrategia para seguir trabajando en este país.  Un bonito proyecto para llevarlo a cabo, un centro para retiros espirituales en una propiedad  en el interior de la Florida,  al lado de nuestro centro de acogida para hombres. Un nuevo motivo para orar, porque en vano nos esforzaremos si Dios no viniera con nosotros.

De allí volamos para Rochester donde Miguel compartía en un congreso de tres días, el tema   Integridad. Tema muy propio para los tiempos que vivimos.

Volvemos un poco entristecidos a casa, los días en EEUU han coincidido con el tiempo de la guerra en Irak, nos parece haber estado en un país de cuento de hadas, de película de Disney. Si no conociéramos la realidad de este país, materialista como pocos, que consume sin contemplaciones, a costa de otros más débiles, a los que nunca dejará medrar, que lleva años levantando guerras y desestabilizando otras naciones para aumentar su poder,  si no fuera evidente la decadencia religiosa, política, moral y familiar, o no menos evidente las verdaderas motivaciones de esta guerra, económicas e imperialistas,  al pasar por EEUU, uno podría pensar que ha llegado al paraíso en esta tierra en el que reinan el honor, la fe, el patriotismo, el valor y la defensa desinteresada del mundo. Todas estas maquinaciones,  como armas políticas se entienden, pero cuando se disfrazan además del evangelio de Cristo,  uno no puede menos que decir: que la palabra hipocresía se queda corta.

Desde España, esperando el verdadero reino del Señor en el que si reinarán la Justicia y la Paz, seguiremos con nuestras pocas fuerzas, pero confiando en las Suyas, luchando por su bandera, Jeshua nuestro estandarte.

Los burritos para Jesús,

Miguel y Mari Carmen.