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Salimos de Madrid con Iberia para
Guatemala; dejamos por unas horas de oír las noticias de la guerra en Irak
y gracias a Manuel, nuestro amigo y trabajador de Iberia, hacemos un viaje muy
cómodo y agradable; sabemos estar en escasez y en abundancia y lo hemos
demostrado con gozo y espíritu de sacrificio, pero no cabe duda que el
cuerpo cansado valora y agradece ciertas comodidades.
El congreso en Guatemala nos bendice al
comprobar una vez mas la obra del Señor, maravillosa y extraña obra, los niños
de la calle siendo cuidados, obteniendo diplomas académicos, algunos serán
pronto maestros en los colegios que el Señor le ha dado a Remar para poder
atenderles.
Hace unos años cuando comenzamos a recoger niños
de la calle, el problema mas grave era su enseñanza, los colegios nacionales
eran el peor lugar para ellos, por volver a ponerles en el ambiente
callejero y solo conseguíamos perder otra vez el duro trabajo que hacíamos
en los hogares, así que los llevamos a los colegios cristianos, colegios de
clases sociales altas, caros a pesar de algunas rebajas que al principio nos
daban, pero con el aumento de los niños, estos colegios de clases altas
temieron por su fama, por su buen nombre y nos pidieron que sacáramos a
nuestros niños.
Hoy debemos agradecer a Dios aquella situación
porque nos forzó y llevó a buscar nuestros propios colegios y Dios puso a
nuestro alcance el primero, que en este momento da escolarización a unos 400,
abriendo la puerta no solo a los niños de los hogares de Remar, sino a otros
de muy bajos recursos; el segundo ya funciona con los grados mas altos y
con magisterio con titulación oficial.
Hoy, niños de otros estratos sociales
comienzan a venir a estos colegios por el alto nivel escolar, el buen ejemplo
de todos los escolares y su moralidad ejemplar. Cosas curiosas de la extraña
obra de Dios, aquellos colegios seguros y asentados en su elite social,
que temieron caer en descrédito por dar cabida a los mas débiles, hoy
han cerrado sus puertas, han caído, se han secado como ramas de un árbol,
poco a poco sin que nadie se diera cuenta la vida ha desaparecido de
ellos.
Ver el proceso de la historia bajo la mano de
Dios que la escribe, produce un temor respetuoso y nos hace orar de esta
manera: Señor guarda nuestro corazón que no se enrede en el amor a este
mundo, que no olvide nunca de donde fuimos sacados, que cuando tu nos honres y
prosperes no olvidemos que eres tu el que nos das la vida y que sin ti estaríamos
muertos.
El que da al pobre no tendrá pobreza, pero el que
aparta sus ojos, tendrá muchas maldiciones.
Nada más llegar nos reunimos con empresarios y amigos
del ministerio en Guatemala para seguir dando a conocer el evangelio de los
pobres a los que Dios hace ricos en Él y de los ricos en sí mismos a los que
Dios deja en pobreza.
Miguel ha compartido en el primer día de
congreso Apocalipsis 1,6: reyes y sacerdotes llamados a reinar con El,
si sufrimos con El reinaremos con El.
Los guías arqueólogos en Israel, te llevan al
lugar en el que Jesús estuvo preso esperando ser ajusticiado, un lugar
con baldosas de mármol, con marcas sobre ellas que han permanecido
hasta nuestros días, estas marcas servían para hacer un juego, lo
llamaban el del rey payaso. En ese juego los soldados iban echando suertes y
la burla consistía en vestir al reo como a un rey , así lo fueron haciendo
con Jesús; al lado de la hoguera, estaban las ramas de un espino propio
del lugar, espino seco para el fuego, qué mejor corona para aquel
pretendido rey.
Lo enrollaron y lo ajustaron a su cabeza,
ya estaba coronado. Rey sufriente llevando sobre sí mismo todas las
contradicciones de este mundo sin Dios, Rey sufriente que viviera en su carne,
la injusticia y la maldad, que como cordero callara ante la hipocresía y la
burla. La primera corona de este Rey, y la nuestra si queremos reinar
con Él, la de espinas, compartiendo el dolor de nuestros
semejantes, identificándonos con los necesitados, sufriendo con el que
sufre.
No queremos la corona de espinas, nadie
la quiere, es necesario rendir nuestra voluntad a la de Dios y pedirle su
gracia porque nuestra naturaleza no desea el dolor, pero sin éste se pierde
la perspectiva, se hace hueca el alma, se mata el amor.
Como en todos los congreso la campaña en la
concha acústica, frente a la antigua catedral, allí los jóvenes que
inhalan la cola se reúnen. Después de predicar y hacer el mini
concierto con teatro se llenan los autobuses con chicos que quieren acogerse
en los centros y hogares. Muchos ya han estado antes en Remar y se conmueven
al oír de nuevo el mensaje del amor y de la libertad de Dios.
Otros provienen de las maras en las que
viven experiencias terribles, convirtiéndose en ejércitos devastadores que
roban, matan, violan, y practican toda clase de ritos satanistas, la población
normal, que ha sufrido durante años el azote de estos grupos de niños de la
calle, cuando ve a alguno solo, reconociéndole pon su cuerpo tatuado,
les rodean y les matan.
Salimos ya de noche de la campaña y vamos por
las calles del casco antiguo de la ciudad, vamos dentro de nuestros
coches y aunque hemos recogido a muchos en necesidad, se siente uno impotente
ante la inmensidad de lo que falta, queda fotografiada en mi mente una madre
joven sentada en el suelo con dos niños muy pequeños dormidos a su lado,
tiene una mano extendida pidiendo limosna, los niños están tapados
con un ligero chal sobre el piso y la noche se presenta fría, el
trafico y nuestras propias actividades nos empujan y pasamos de largo.
Un poco mas allá un joven también dispuesto a
dormir en el suelo, sus ojos son claros, no puedo evitar recordar a mi hijo, y
me niego a imaginarle en aquel lugar, pero siento el dolor ante esa
posibilidad. Protejo mi corazón con cristales blindados de hielo para lo que
puede parecer un sufrimiento inútil, y si dejo que el amor los caliente y
disipe, me expongo al dolor, así que paso de largo, tengo una excusa y es
buena, por mucho que hagamos no podemos evitar tanto mal, tanto sufrimiento y
tanta injusticia, pero esta excusa no borra de mi mente la imagen de la mujer,
de sus pequeños, de ese joven de mirada clara.
Ante mi incapacidad y mi inutilidad solo me
queda levantar mis ojos a lo alto y pedir perdón a Dios por la maldad humana,
pedirle su ayuda y decirle que quiero ser parte de los que están dispuestos a
recibir la corona de espinas, de los que aceptan sufrir con el que sufre para
luchar con todas las fuerzas posibles, humanas, materiales y espirituales,
para paliar un poco tanto dolor, para ser de los que llevan las buenas
noticias, de los que pregonen libertad a los cautivos, libertad a los presos
de la cárcel, de los que den comida al hambriento y vestido al desnudo,
en pocas palabras, de los que llevan consigo a Jesús y su reino de amor y de
justicia.
El final de este viaje a Guatemala ha sido
impresionante. Visitamos el centro correccional de menores Pinula, en el que jóvenes
de Remar, algunos españoles, portugueses y centroamericanos, cuidan a 120
adolescentes entregados por la policía y los jueces por su alto grado de
delincuencia, en robos, secuestros, violaciones, asesinatos. Tuve la
oportunidad de entrevistar durante el congreso algún chico sacado de las
maras y tuve conocimiento de lo que significa esa vida; una de las condiciones
para formar parte de estos grupos callejeros es el asesinato.
La violencia, el robo, las violaciones y las
practicas de ritos satanistas son el pan de cada día. Por eso mi asombro al
entrar en el salón de reuniones del centro y ver a los chicos cantando
alabanzas y mas tarde escuchar con todo respeto y quietud el mensaje que
Miguel les trajo. Al final al llamado de entrega al Señor para servirle, para
cambiar de vida, prácticamente todo el grupo se unió a la oración y
en el compromiso de un encuentro y de un pacto con Dios.
Tuvimos el privilegio de ver algunos que después
de cumplir sus condenas, no han querido salir a las calles, han tomado
el lugar como su hogar en el que madurar su nueva vida y ayudar a otros
durante el proceso. Una experiencia maravillosa, porque los que vivimos en el
reino de los cielos participamos de otra dimensión en la que el milagro de la
restauración de ruinas humanas es lo cotidiano, lo natural.
Acabamos
nuestro tiempo en Guatemala compartiendo en la iglesia de Sergio Enriquez que
tan hospitalariamente nos ha acogido siempre y que colabora en lo que puede
con las muchas necesidades que Jose Gomez, nuestro pastor allí, tiene que
enfrentar cada día, para sacar adelante a 600 niños.
Nuestra segunda etapa de este viaje en Miami
con Ángel y Elena nos han reportado días de comunión con los obreros de
EEUU, y de estrategia para seguir trabajando en este país. Un bonito
proyecto para llevarlo a cabo, un centro para retiros espirituales en una
propiedad en el interior de la Florida, al lado de nuestro centro
de acogida para hombres. Un nuevo motivo para orar, porque en vano nos
esforzaremos si Dios no viniera con nosotros.
De allí volamos para Rochester donde Miguel
compartía en un congreso de tres días, el tema Integridad. Tema
muy propio para los tiempos que vivimos.
Volvemos un poco entristecidos a casa, los días
en EEUU han coincidido con el tiempo de la guerra en Irak, nos parece haber
estado en un país de cuento de hadas, de película de Disney. Si no conociéramos
la realidad de este país, materialista como pocos, que consume sin
contemplaciones, a costa de otros más débiles, a los que nunca dejará
medrar, que lleva años levantando guerras y desestabilizando otras naciones
para aumentar su poder, si no fuera evidente la decadencia religiosa,
política, moral y familiar, o no menos evidente las verdaderas motivaciones
de esta guerra, económicas e imperialistas, al pasar por EEUU, uno podría
pensar que ha llegado al paraíso en esta tierra en el que reinan el honor, la
fe, el patriotismo, el valor y la defensa desinteresada del mundo. Todas estas
maquinaciones, como armas políticas se entienden, pero cuando se
disfrazan además del evangelio de Cristo, uno no puede menos que decir:
que la palabra hipocresía se queda corta.
Desde España, esperando el verdadero reino del
Señor en el que si reinarán la Justicia y la Paz, seguiremos con nuestras
pocas fuerzas, pero confiando en las Suyas, luchando por su bandera, Jeshua
nuestro estandarte.
Los burritos para Jesús,
Miguel y Mari Carmen.
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